Cambio, comportamiento y naturaleza humana

Hello world (again)!

Hace cosa de un mes me publicaron una entrada en el blog del Instituto de Innovación Social de ESADE con una entrada en tono académico de esta editorial. Creo que es una buena manera de retomar este blog y hacer ver hacia dónde iremos.

¡Buen viaje!

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Somos emprendedorxs sociales, querida.

Y sí, lo somos. Y creemos en ello.

Pero ¿cuántas veces lo repetimos? ¿Nos hemos planteado la tautología de lo social en este tipo de emprendimiento? Porque, ¿qué es ser una persona emprendedora sino aquélla que genera riqueza?  Empero, ¿por qué asociamos el crear riqueza al impacto económico; a lo financiero; a la, gran querida, peseta?

¿Y si resulta que todx emprendedor/x es potencialmente más prosocial que proeconómico?

Parece que la ciencia nos define a los seres humanos como animales empáticos. Naturalmente prosociales, incluso. Siendo los comportamientos asociales o antisociales estudiados como patologías erráticas, erradas o asonantes en una especie que necesita del otro. De la comunidad. De las personas.

Compartamos la teoría de que emprendimiento social opera más allá de las fronteras de lo social; y que el emprendimiento social se puede dar en cualquier sector o industria, con algunas excepciones éticas – industria armamentística por ejemplo-. Y, más allá, que deberíamos prescindir del apéndice “social” y llamarlo puramente emprendimiento porque es ésta la manera “natural” de hacerlo.

Las alternativas a este comportamiento humano deberían ser erráticas, erradas y asonantes; debiéndose estudiar y apuntar con el dedo a aquélla persona que realice un emprendimiento económico, privativo o irresponsable. Aunque, dejaremos este debate abierto para posteriores conversaciones.

Nuestra conducta emprendedora resulta más instintiva de lo que pensamos. En el proceso de generar nuestra intención de emprender (el “yo quiero ser emprendedor/x) en subconsciente nos impulsa mucho más allá de lo que reconocemos. Somos valores y en valores nos convertimos.

Las investigaciones apuntan a que el proceso de toma de decisiones que seguimos no es más que la materialización de lo que somos. Si somos naturalmente prosociales, deberemos actuar de una manera pro social.

¿Por qué, entonces, no nos comportamos como seres humanos?

En una pequeña investigación que acabamos de realizar hemos contrastado el efecto nocivo de la educación emocional que hemos recibido desde la infancia para convertirnos en personas. Emprendedorxs. Prosociales. Naturales.

Hemos experimentado con que dentro de los factores internos que impulsan a una persona a emprender -que son: mi percepción de sentirme capaz para emprender y mis ganas de querer emprender- sea en el querer emprender donde reside la diferencia para desarrollar un emprendimiento tradicional y uno “social”. El deseo representa nuestro subcosciente, nuestra motivación, lo que, sin entenderlo, nos mueve a actuar.

¡Albricias! Hablamos, por lo tanto, de que sólo debemos dejar salir al animal prosocial que todos llevamos dentro.

Partiendo de esta premisa, lo que hemos conseguido es entender el proceso de generación de las emociones y su importancia para que esos valores sociales actúen como motivadores en positivo de mi comportamiento influyendo en el desarrollo del deseo de emprender y dejando salir al animal que llevamos dentro.

La alteración de esos valores mediante la educación en general, y, en particular, el menosprecio a la educación emocional que hemos sufrido las generaciones X e Y, podrían ser señalados como los culpables de que nos comportemos de una manera menos humana cuando “decidimos” emprender. Podríamos considerarlo en el mundo de las ciencias sociales, que me perdonen los científicos, como una alteración genética quizás, al estilo darwiniano, modificada para adaptarse a los tiempos de wall street, los lamborghini y los penthause. Sistemas que han caído por su propio peso, no desesperemos.

Por lo tanto, amigx “emprendedor/x social”, no eres un nueva especie, sino que representas la naturaleza del ser humano. Y, amigx emprendedor/x no social, no te culpes, quizás, aunque te esforzases nunca podrías comportarte de una manera más “natural”; está más marcado en los genes de lo que piensas.

 

“Cambiemos el mundo amigo principito, que no es locura ni utopía, sino justicia”

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